Reflexión sobre las Inteligencias Múltiples

Me embarco en #InteliMooc, enfocado a trabajar en de forma didáctica las inteligencias múltiples. El primer paso es conocer y valorar las inteligencias propias, para luego ser capaces de ir más allá e identificar y desarrollar las de nuestros alumnos.

En mi caso, y según el modelo propuesto en la web de profesor Francisco, mis inteligencias predominantes son la naturalista y la intrapersonal, seguidas de la lingüística. En el lado opuesto está la cinestésica. Es decir, lo esperado.

Las inteligencias no son heredadas e inamovibles, sino que se pueden entrenar. Por ejemplo, para aumentar mi inteligencia cinestésica tendría que practicar a menudo algún deporte (lo que además mejora el rendimiento académico).

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Las inteligencias menos desarrolladas, en mi caso, son aquellas a las que menos importancia he dado en mi vida académica y personal desde la infancia. Es decir, la cinestésica y la musical. Nunca se han desarrollado. Por otra parte, la lógico-matemática se ha desarrollado hasta que ha sido necesario, pero no más allá. Por eso también ocupa los puestos más bajos de mi particular ranking.

Por el contrario, las inteligencias más desarrolladas son las que tienen que ver con mis aficiones personales. Es decir, donde la competencia de aprender a aprender está tan interiorizada que se ha convertido en un hábito e, incluso, una forma de ocio. Son la naturalista (que se lo digan a mi perro), la intrapersonal (la vida es sueño), la lingüística (como dijo Vargas Llosa en su discurso tras recibir el Nobel, “aprender a leer es lo más importante que me ha pasado”) y la visual (que en mi caso está completamente ligada a la creatividad y nada a la visión espacial).

Una vez analizados nuestros puntos fuertes y débiles (¿inteligencia intrapersonal?), es más fácil distinguir las inteligencias de la gente que tenemos alrededor. Hasta este momento, nunca me lo había planteado. Alguien podía ser bueno en algo, por ejemplo bailar, pero no lo había considerado una inteligencia en sí misma. Es más, creo que ni ellos mismos lo ven así. Por eso desde las aulas, los profesores deben ayudar y guiar a sus alumnos para identificar y enorgullecerse de sus inteligencias predominantes, aunque estas no se correspondan con las tradicionales de los test de inteligencia (es decir, la lógico-matemática y la lingüística). No sólo como una metodología de aprendizaje, sino como una forma de valoración personal y autoconocimiento.

 

 

 

 

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